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Diáspora africana

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He decidido escribir este artículo dejando de lado toda diplomacia y elegancia para volverme un poco rebelde… después de todo la rebeldía corre por mis venas afroamericanas. Voy a hablar sobre la diáspora africana, pero de una manera diferente. Además de la mía, he incorporado otras voces afro, y algunas “voces blancas” para demostrar cómo los puntos de vista se aclaran u oscurecen según de dónde provengan.

¿Qué significa el término diáspora?

Diáspora significa dispersión, en este caso de grupos “étnicos” o religiosos que abandonan su lugar de origen y se reparten en todas partes del mundo. Esta es una definición muy general e incompleta si hablamos de la diáspora africana. 

El diccionario de la Real Academia Española (RAE), el diccionario más reconocido de habla hispana que regula y dirige la lengua española, propone estas dos acepciones para el término diáspora:

  • f. Dispersión de los judíos exiliados de su país.
  • f. Dispersión de grupos humanos que abandonan su lugar de origen.

Como primera definición solo se menciona al grupo de los judíos que, si bien en cierta forma dieron origen a este concepto, desde hace muchos siglos no constituyen el único grupo humano que tuvo que abandonar su lugar de origen y radicarse en otras partes del mundo. No hace falta aclarar que el diccionario español está escrito por manos blancas que claramente desconocen otras realidades.  

Diáspora africana

La diáspora africana, al igual que la de los judíos, los sirios y tantos otros grupos humanos, supone un desplazamiento involuntario, forzado hacia un territorio diferente al de su lugar de origen.

Gabriel Izard Martínez es el autor del artículo titulado “Herencia, territorio, e identidad en la diáspora africana: hacia una etnografía del retorno”, publicado por la Universidad Autónoma del Estado de Morelos en México. Es un artículo interesantísimo y muy bien escrito que les recomiendo leer si quieren conocer un poco más sobre la diáspora africana.  

En sus líneas, el autor destaca tres principios que son inherentes a nuestra diáspora y que nos ayudan a entender muchas cosas. Primero, menciona el traslado (forzado, claro está) de más de 10 millones de africanos para ser vendidos como esclavos una vez que llegaran a destino. Las versiones blancas de la historia confirman esta cifra, mientras que historiadores africanos afirman que serían muchos millones más. El segundo principio tiene que ver con la fusión cultural que se dio entre los habitantes americanos (indígenas y europeos que allí residían) y los africanos recién llegados que tuvo como resultado el nacimiento a la cultura afroamericana. Finalmente, menciona esta búsqueda incipiente de identidad, una identidad que está enmarcada en la “discriminación, subordinación y estigmatización”. Además, quisiera destacar que el hecho de buscar esta identidad en la tierra de origen y no en la de destino es consecuencia directa de la exclusión que vivimos los afroamericanos, por más sutil que esta sea. 

Afrocentrismo, volver al origen

Nota: la palabra afrocentrismo no existe en el diccionario de la RAE, mientras que el término eurocentrismo, sí.

La corriente afrocéntrica se gestó durante siglos y se hizo masiva en 1980. Surge como una respuesta colectiva a la “descolonización cultural y desesclavización intelectual” que sufrieron los antepasados afroamericanos. Se basa en la necesidad desesperada de reencontrase con la herencia cultural, social y religiosa que nos fue negada siglo tras siglo. 

Una herencia que fue destruida, negada y ocultada por un grupo dominante que no aceptaba la diversidad y la combatía no solo con violencia física, sino también con violencia psicológica, moral, social, civil y tantas otras formas que encontraron los hombres blancos de imponerse sobre los afros. 

Lo bueno es que no pudieron con nosotros, porque aquí estamos, más unidos y orgullosos que nunca de quienes somos. Este GRACIAS con mayúsculas es para los millones de afroamericanos que lucharon por nuestros derechos a lo largo de todos estos años. Porque gracias a su templanza, valentía e integridad las generaciones actuales y las venideras podemos seguir escribiendo la historia… aún sobre una hoja blanca, pero con tinta negra, y más negra que nunca. 

Quiero terminar este artículo con una frase que me encantó y que pertenece a Adreinne Waheed, famosa fotógrafa encargada de registrar la historia afro a través de imágenes. Adhiero a cada una de sus palabras y espero de todo corazón que tú también.

“Encontrar la alegría en ti mismo ya es una forma de resistencia porque, muchas veces, eso significa oponerse a las fuerzas que quieren desmerecerte sugiriendo que no eres valioso. Se trata de abrazar tu belleza y apreciarte tal como eres”.

Generalmente, cuando se habla de resistencia en la diáspora africana, se hace alusión a la lucha de nuestros ancestros en el periodo oscuro de esclavitud y represión. Dicha lucha persiste aún en nuestros tiempos, en los ámbitos políticos, económicos, sociales, culturales, entre otros. Nuestros pueblos se expresan, definen y defienden su posición en actos de rebelión. Alzan su voz para que su historia y sus derechos sean reconocidos y perpetuados. 

Sin embargo, esta vez deseo hablarles de otro tipo de resistencia, aquella que proviene de la fe. Y es que, en tiempos del coronavirus, el confinamiento nos transporta a la reflexión.  Un virus ha logrado paralizar el mundo entero, empezando por las grandes potencias. Todos, sin discriminación alguna, somos vulnerables. El ser humano, rey del conocimiento que ha salido victorioso en todas sus conquistas creyéndose invencible, ve cómo un virus se queda con su corona y lo reduce a su esencia más simple: su humanidad.  

Sí, humanidad. En un mundo tan convulsionado y siempre tan apresurado, por fin podemos hacer una pausa, un alto en el camino para entrar en conexión directa con nuestro yo interior. Y desde nuestro fuero más íntimo poder hallar, redescubrir y reavivar espacios y momentos con aquellas personas con quienes compartimos nuestro hogar y nuestra intimidad. Incluso, aún en la distancia física, nos reencontramos a través de la tecnología y los llamados “face time”.  Si lo pensamos un poco, nos daremos cuenta de que todos estos espacios y momentos antes de la llegada del virus estaban reducidos, en muchos a nuestro ego.  

Quizá la cuarentena hasta nos parezca excesiva. Demasiado tiempo de encierro. La neurosis comienza a jugar su papel. El hombre, ser social por naturaleza, necesita entonces romper la burbuja en la que el Covid-19 lo ha metido. Además de la crisis emocional que explota, surgen otros problemas: bajón en las ventas, cierre de empresas, pérdida de empleos, falta de ingresos, los gastos que no cesan y bocas que alimentar. 

Entonces, yo vuelvo a mi reflexión. Pienso en algo superior que controla el mundo y que pone un orden. Ponle la etiqueta que gustes.  A esa fuerza suprema (a la que a muchos pueden culpar por esta crisis y llamarla castigo), yo le atribuyo la fe. Dicha fe se convierte en resistencia, en aquella fortaleza que nos hará pasar estos momentos unidos. 

A ti y a todos les pido que resistan. Tengamos fe en que, desde su humanidad, el hombre hallará una solución; fe en que esta tormenta pasará. Lamentablemente, sufriremos consecuencias. No solo las consecuencias de un encierro obligatorio que dejará una economía fracturada, sino además, el haber tenido seres queridos enfermos o que fallecieron y que en gran escala simbolizan el trágico escenario de luchar contra una pandemia. Aun así, tengamos fe. El sol volverá a brillar para todos por igual. ¡Resistan!

Autora: Lolo Simont, www.natandfro.com