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Experiencias

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Generalmente, cuando se habla de resistencia en la diáspora africana, se hace alusión a la lucha de nuestros ancestros en el periodo oscuro de esclavitud y represión. Dicha lucha persiste aún en nuestros tiempos, en los ámbitos políticos, económicos, sociales, culturales, entre otros. Nuestros pueblos se expresan, definen y defienden su posición en actos de rebelión. Alzan su voz para que su historia y sus derechos sean reconocidos y perpetuados. 

Sin embargo, esta vez deseo hablarles de otro tipo de resistencia, aquella que proviene de la fe. Y es que, en tiempos del coronavirus, el confinamiento nos transporta a la reflexión.  Un virus ha logrado paralizar el mundo entero, empezando por las grandes potencias. Todos, sin discriminación alguna, somos vulnerables. El ser humano, rey del conocimiento que ha salido victorioso en todas sus conquistas creyéndose invencible, ve cómo un virus se queda con su corona y lo reduce a su esencia más simple: su humanidad.  

Sí, humanidad. En un mundo tan convulsionado y siempre tan apresurado, por fin podemos hacer una pausa, un alto en el camino para entrar en conexión directa con nuestro yo interior. Y desde nuestro fuero más íntimo poder hallar, redescubrir y reavivar espacios y momentos con aquellas personas con quienes compartimos nuestro hogar y nuestra intimidad. Incluso, aún en la distancia física, nos reencontramos a través de la tecnología y los llamados “face time”.  Si lo pensamos un poco, nos daremos cuenta de que todos estos espacios y momentos antes de la llegada del virus estaban reducidos, en muchos a nuestro ego.  

Quizá la cuarentena hasta nos parezca excesiva. Demasiado tiempo de encierro. La neurosis comienza a jugar su papel. El hombre, ser social por naturaleza, necesita entonces romper la burbuja en la que el Covid-19 lo ha metido. Además de la crisis emocional que explota, surgen otros problemas: bajón en las ventas, cierre de empresas, pérdida de empleos, falta de ingresos, los gastos que no cesan y bocas que alimentar. 

Entonces, yo vuelvo a mi reflexión. Pienso en algo superior que controla el mundo y que pone un orden. Ponle la etiqueta que gustes.  A esa fuerza suprema (a la que a muchos pueden culpar por esta crisis y llamarla castigo), yo le atribuyo la fe. Dicha fe se convierte en resistencia, en aquella fortaleza que nos hará pasar estos momentos unidos. 

A ti y a todos les pido que resistan. Tengamos fe en que, desde su humanidad, el hombre hallará una solución; fe en que esta tormenta pasará. Lamentablemente, sufriremos consecuencias. No solo las consecuencias de un encierro obligatorio que dejará una economía fracturada, sino además, el haber tenido seres queridos enfermos o que fallecieron y que en gran escala simbolizan el trágico escenario de luchar contra una pandemia. Aun así, tengamos fe. El sol volverá a brillar para todos por igual. ¡Resistan!

Autora: Lolo Simont, www.natandfro.com

Hola chic@s!


Me llamo Laura Sinisterra, pero mis amig@s suelen llamarme Lolito o Lolo Simont, resultado de una
pronunciación degenerada de mi nombre en inglés y la abreviación de mis apellidos… todo cortesía de
una de mis mejores amigas.

De antemano, gracias por entrar a mi blog y tomarte el tiempo de leer estás líneas. Espero que no sea la
última visita y que juntos, tengamos el placer de acompañarnos en la travesía de la aceptación, el
manejo, el cuidado y la reafirmación del cabello natural. Nuestros “fros” no son una moda, ni una
tendencia, ni un movimiento, ni una idea loca. Nuestros “fros” hacen parte de nuestra identidad, y están
aquí para quedarse!

Soy afrodescendiente, nacida en Colombia y radicada en Canadá. De mi cabello durante mi niñez,
recuerdo los peinados que mi madre me hacía, colas y trenzas. También recuerdo lo difícil que era
desenredarme el cabello. Con cada jalón de cabello, mi cabeza se balanceaba hacia adelante y atrás
como un yoyo. Me dolía, pero el resultado me gustaba.

Ya entrada en la adolescencia, el salto hacia lo inevitable: alisarme el cabello!!! Ufff, que si me gustó el
resultado? Por supuesto. Mi cabello lucía brillante, largo, sedoso y finalmente liso!. Durante 20 años,
visité el salón de belleza cada dos meses para desrizarme el cabello. Fueron muchos años de elogios,
pues mi cabello era largo y bonito, sin necesidad de usar extensiones. Mi cabello me hacía estar más en
acorde con los cánones de belleza de la comunidad latina. Cada vez me decía “quien quiere marrones,
aguanta tirones”. Y cierto es que aguanté!. Quemaduras en el cuero cabelludo, caspa fruto de la
resequedad, y aun así, los jalones de cabello cuando la raíz comenzaba a crecer y que al tratar de
“estirar la duración del alisado”, los enredos eran duros e inmanejables.

Una vez, ya radicada en Canadá, un amigo de origen africano me preguntó: y por qué no te dejas tu
cabello natural? Por qué te alisas el cabello para entrar en los estándares de belleza que la sociedad nos
impone? La verdad, en su momento, la pregunta me hizo reflexionar. Me convencí de que se trataba de
un desacuerdo de opiniones, fruto de la diferencia cultural. De hecho, me decía a mí misma: si, soy
negra, pero también soy latina! Y en Colombia, las mujeres afrodescendientes nos alisamos el cabello, o
la otra opción, usamos trenzas y extensiones! Así que viva mi cabello alisado!!!!!!!! Y allí terminó la
discusión, en buenos términos, pues al fin y al cabo no me sentía ofendida.

Y entonces, qué fue lo que me hizo cambiar de opinión y dar el gran paso de cortarme el alisado y dejar
crecer mi cabello natural? Cuando mi pareja y yo planeamos embarazarnos, me cuestioné mucho sobre
el alisado y sus efectos al tratarse de un proceso altamente químico. Me preocupaba la salud de mi bebé
y otros efectos secundarios en mi cuerpo (desde el 2010 tengo problemas de fibromas y por ahí estuve leyendo algunos artículos sobre la correlación de los alisados y dicha condición en las mujeres
afrodescendientes… (posible tema de discusión en otro post). Durante el embarazo, opté por las trenzas,
más éstas me parecían pesadas (créanme, tener 3 o 4 paquetes de extensiones en la cabeza, pesa!), me
fastidiaba el hecho de que estuvieran apretadas en la raíz durante las primeras semanas y me parecían
tediosas de elaborar (mínimo cuatro horas de mano de obra). En fin, para quienes optan por la trenzas,
todo mi reconocimiento!. Ya habiendo dado a luz y pasada “la dieta”, llegó el día del gran corte, aun
cuando yo no me lo esperaba.

Había encontrado en internet un “spa de boucles” (spa de rizos en español), en el cual te hacen
consulta gratuita y te recomiendan los productos acordes con tu tipo de cabello. Llegado el día de la cita,
fue el gran día en el que conocí a Khadi, que es ahora mi peluquera. Muy seria al inicio de nuestra
relación, me pareció casi un poco seca para el servicio. Ahora, creo más bien que yo estaba obstinada y
contrariada, pues ella recomendaba cortar el cabello alisado para poder hacerme el tratamiento de
definición de rizos (comúnmente conocido como wash and go). Cabe mencionar, que Khadi es todo un
amor y que fue sólo cuestión de una primera impresión en medio de mi terquedad. En últimas, mi
cabello estaba tan duro e inmanejable, que decidí que a mi casa volvía peinada! Así que cedí y la tijera
tuvo la última palabra!!! Bye bye alisado! Bienvenue mon cher fro!!!

Misión cumplida: ese día volví a casa peinada! El wash and go, todo un proceso fácil, rápido y lo mejor
de todo, sin quemaduras. Con la posibilidad de peinar mi cabello con los dedos cada mañana, guardando
la definición de mis crespos. Con un sabor agridulce, pues era la primera vez en mi vida que tenía el
cabello corto, corto, corto… como un honguito!. Mis familiares canadienses encantados, elogios
unánimes. Mi madre, aún no deja de decirme que me estire el cabello y que me lo peine para atrás…” ,
en fin, creo que aún no está muy en la onda del fro, yo!.

Luego dos años y medio del gran corte, no lo lamento! He aprendido varias cosas que espero poder
compartirles. Me siento 100% identificada con mi cabello, tal cual como es desde que nací, pues hace
parte de mi herencia étnica, de mi ADN.

Y dime, cuál es tu historia Nat&Fro (Natural & Afro)?

Lolo Simont.