Corríjanme si me equivoco, pero diría que el cabello de la cultura afroamericana es el único tipo de cabello que tiene infinitas historias para contar. Lo que sucede es que las cabelleras afro jugaron un papel esencial cuando la historia negra africana se escribió en el lugar del mundo en que le tocó nacer y crecer. Luego, con la llegada de la esclavitud, se fueron agregando nuevos capítulos desde tierra latinoamericana. Finalmente, ya en libertad, el cabello rizado afroamericano continúa siendo símbolo de identidad social. 

La historia de un pueblo siempre está ligada a un contexto natural y geográfico que resulta determinante en el desarrollo de algunas características físicas. El color del cabello (al igual que el de la piel) sirve para protegernos de la radiación solar, es decir que a más calor y sol, más oscuro será el color del cabello. Podríamos decir que genéticamente el cabello afro, bien rizado y bien negro) se adaptó a las condiciones climáticas del lugar donde le tocó desarrollarse. Al ser rizado, permite que el aire circule más fácilmente y refresque la cabeza, evitando posibles quemaduras. Con respecto al papel social y cultural del cabello afro en su historia africana, desde siempre estuvo ligado a la belleza y la salud sobretodo de las mujeres. Según cómo arreglaban su cabello, revelaban cuán prósperas, fértiles o fuertes eran.  A través del cabello se enviaban mensajes a los Dioses. El corazón de cultura africana pasaba por su pelo y cuando fueron esclavizados y rapados, su cultura se caía a pedazos al igual que su cabello. 

¿Hecho histórico o mito? Resulta difícil responder esta pregunta cuando lo que estaba en juego era la vida y la libertad de seres humanos. El cabello de los esclavos desde siempre estuvo ligado su identidad y a la lucha por la  libertad. A lo largo de la triste historia de la esclavitud los negros eran explotados y forzados a trabajar (entre otras “tareas”) en diferentes lugares como las minas o las fincas de blancos ricos que los habían comprado. En el caso de la minería, dicen que el cabello de los negros servía como alcancía para poder comprar la libertad que les había sido robada. Algunos esclavos se hacían en el pelo una suerte de rodetes pequeños que parecían bultitos mientras que las mujeres se trenzaban el cabello, en ambos casos el cabello se usaba para esconder parte de lo que sacaban de las minas con el objetivo de cumplir el sueño de ser libres. En el caso de los esclavos que estaban en las haciendas, según Nelly Mendivelso en su artículo Mapa de fuga y otros secretos afro, las mujeres peinaban con trenzas a las niñas y trazaban rutas de escape según lo que ellas veían en el monte. Las trenzas y surcos entre medio simbolizaban las posibles vías de salida y por ende el camino a recuperar su identidad. La teoría de Esperanza Biohó, directora y fundadora de la fundación cultural Colombia negra, sugiere que su condición de esclavos no les dejaba tiempo para peinados elaborados y que las mujeres usaban un turbante para cubrir su cabello afro y de esta manera evitaban que las malas energías ingresaran a su cuerpo por los poros de la cabeza. Lo que seguramente fue una realidad era la exigencia de parte de sus amos de llevar el cabello ordenado y limpio para lo que las trenzas y los turbantes representaban una buena alternativa y se convirtieron en el símbolo de una cultura vejada por la esclavitud.

En la actualidad… (parece tan fácil hablar de un presente afroamericano si no se tiene en cuenta el camino recorrido por ellos)… como decía, en la actualidad la cabellara afro continúa siendo una expresión de identidad y resistencia. Identidad que está ligada al orgullo de saberse afroamericano y de querer que todos lo sepan: trenzas, rastas, afro… no importa el estilo, importa sentirse parte de la cultura afroamericana que tanto intentó erradicarse.  La resistencia tiene que ver con hacer frente a la hegemonía de la estética blanca que intenta imponer su cánones de belleza blanca y lacia. En este sentido, día a día aparecen en Internet escritores y blogueros afrodescendientes que se dedican a mantener viva la llama del afro.

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